Miles de personas esperaban verlo sobre el escenario. Sin embargo, detrás de las cámaras había otra cuestión que resolver: ¿qué se le cocina a Beéle durante su paso por Tenerife?
El artista colombiano actuó el pasado 25 de julio en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife con su Borondo Tour, en un espectáculo presentado por Urban Beach Festival. Una cita que reunió a sus seguidores en la capital tinerfeña y que contó además con Nanpa Básico como invitado especial.
Pero mientras todas las miradas estaban puestas en lo que ocurriría sobre el escenario, entre fogones se desarrollaba otra historia.
El encargado de preparar la comida para Beéle y parte de su equipo fue Samuel Quintero, chef privado tinerfeño especializado en arroces.
No hubo un menú impuesto por el artista. Tampoco una larga lista de exigencias.
Samuel y su equipo tuvieron libertad para elegir.
Y eligieron precisamente aquello con lo que quieren hacerse un nombre: el arroz.
Dos elaboraciones llegaron hasta el equipo de Beéle. Una de ellas era uno de los platos más demandados de la marca de Samuel y escondía un caldo trabajado durante ocho horas.
Pero probablemente lo más curioso ocurrió cuando el chef entró en el camerino.
Antes incluso de probar su comida, Beéle tenía algo que decirle.
¿Qué comió Beéle en Tenerife?
Samuel Quintero decidió preparar dos arroces completamente diferentes.
El primero fue una paella valenciana clásica, una apuesta reconocible y tradicional.
El segundo representaba mucho mejor el estilo propio que Samuel está intentando desarrollar: arroz de carrilleras ibéricas con alioli de ajos asados de colores, parmesano y un caldo infusionado durante ocho horas.

No era una elección casual.
Según explica el chef a Dónde Comer en Tenerife, se trata actualmente de una de las elaboraciones que más solicitan sus clientes.
“Este arroz es uno de los más pedidos de nuestra marca”, cuenta.
Con él quería mostrar a Beéle y a su círculo cercano algo más personal que una elaboración convencional.
El resultado terminó siendo especialmente importante para Samuel por lo que ocurriría después.
El arroz que Samuel realmente quería preparar para Beéle
Hay, sin embargo, un plato que se quedó pendiente.
Porque el arroz de carrilleras que finalmente llegó hasta Beéle no era exactamente la elaboración que Samuel habría escogido si las circunstancias hubieran sido diferentes.
Su primera opción era preparar un risotto de carrilleras.
¿Por qué no lo hizo?
Por una cuestión fundamental en cocina: el tiempo.
Samuel explica que ese risotto necesita comerse prácticamente en el momento en el que termina de prepararse para mantener el resultado que busca.
Y eso resulta difícil cuando estás cocinando alrededor de un espectáculo de estas dimensiones.
Los horarios de un artista, las pruebas, los preparativos y todo lo que sucede antes de un concierto hacían imposible garantizar que Beéle pudiera sentarse a comer exactamente cuando terminara el arroz.
“Prefería que el de carrilleras lo probara en risotto, pero ese arroz se tiene que comer al momento y no era posible que se lo comieran en ese mismo momento”, explica.
Así que decidió adaptar la propuesta.
Y la alternativa, según Samuel, funcionó.
“Triunfó igual”.
Beéle ya había oído hablar de sus arroces
Entonces llegó uno de los momentos que Samuel más recuerda de aquella jornada.
El chef entró en el camerino para encontrarse con Beéle.
Y antes de que tuviera que presentar demasiado su trabajo, ocurrió algo que no esperaba.
El artista ya tenía referencias de sus arroces.
“Lo primero que nos dijo según entramos al camerino es que le habían hablado muy bien de nuestros arroces”, recuerda Samuel.
Una frase aparentemente sencilla que tuvo un significado especial para el chef.
“No me lo esperaba”, reconoce.
Samuel había llegado dispuesto a mostrar por primera vez su cocina a uno de los artistas latinos con mayor proyección del momento y descubrió que alguien del entorno de Beéle ya le había hablado previamente de su trabajo.
Después llegó la parte que realmente importaba.
Probarlo.
La reacción del equipo de Beéle al arroz de carrilleras
Según cuenta Samuel, las dos elaboraciones gustaron.
Pero hubo una reacción concreta que se llevó especialmente consigo.
Dos personas del círculo más cercano del artista probaron el arroz de carrilleras y, según relata el chef, lo calificaron como “el mejor arroz de carne que se habían comido por el momento”.
¿Beéle hizo alguna petición especial?
Podría pensarse que cocinar para un artista internacional implica recibir una lista de condiciones, preferencias o ingredientes que deben evitarse.
En este caso, según Samuel, ocurrió justo lo contrario.
No hubo ninguna petición especial.
“Nos dejaron total libertad para decidir lo que les íbamos a dar de comer”.
Esa libertad permitió al chef apostar directamente por sus especialidades en lugar de elaborar un menú pensado únicamente para cumplir determinadas indicaciones.
Y eso también ayuda a explicar por qué decidió servir dos versiones tan diferentes del arroz.
Una paella valenciana clásica y una propuesta de carrilleras mucho más vinculada a su identidad profesional.
¿Cómo consiguió Samuel Quintero cocinar para Beéle?
La oportunidad llegó a través de contactos relacionados con personas del equipo del cantante.
Samuel explica que conocía a personas vinculadas con “cuatro o cinco” integrantes del equipo interno de Beéle.
Ese contacto terminó abriendo la posibilidad de encargarse de la comida.
Cuando recibió la noticia, la primera sensación fue felicidad.
Pero también incredulidad por la velocidad con la que estaba avanzando su proyecto.
“Me puse muy feliz de poder darle a probar nuestros arroces. No pensé que en tan poco tiempo podía hacerle arroces a gente de este calibre”, reconoce.
Y añade:
“Por algo será, cada día más y mejor”.
De empezar un proyecto a cocinar para Beéle en apenas año y medio
La historia adquiere más significado cuando Samuel mira hacia atrás.
Hace aproximadamente un año y medio, según explica, comenzó a desarrollar el proyecto profesional con el que intenta hacerse un hueco como chef privado especializado en arroces.
Su intención es construir una marca propia y llevar sus servicios a eventos cada vez más relevantes.
Cocinar para Beéle no estaba entre las cosas que esperaba conseguir tan pronto.
“Significa un honor, algo que no contemplaba hace un año y medio atrás, cuando empezamos esto”, reconoce.
Samuel asegura que confiaba en poder alcanzar objetivos importantes.
Lo que le ha sorprendido es la velocidad.
“Yo sabía que iba a lograrlo, pero no tan fácil y rápido”.
Ahora quiere continuar por ese camino.
“Seguiremos logrando lo que queremos y haciendo arroces para mucha más gente top y a Beéle también”.
¿Es más difícil cocinar cuando sabes quién va a comerse el plato?
Samuel lo tiene claro: no.
Preguntado por cuál fue la parte más complicada de cocinar para un artista internacional en un evento de estas características, su respuesta resulta bastante reveladora.
“Nada”.
No hubo un cambio de método ni una presión que alterara el servicio.
“Cocinamos todo con mucho amor y ya tenemos todo más que controlado. No se nos dificultó nada”.
Es una respuesta que también refleja la filosofía con la que Samuel quiere desarrollar su proyecto: que el nombre del comensal no modifique el nivel de exigencia con el que prepara un arroz.
Aunque emocionalmente, reconoce, la situación sí era muy diferente.
Cocinar mientras miles de personas esperan fuera
Mientras Samuel y su equipo trabajaban alrededor del camerino, fuera había miles de seguidores esperando el momento de ver a Beéle sobre el escenario.
Para el chef, observar esa dimensión desde dentro convirtió el servicio en una experiencia muy diferente a un evento privado convencional.
“Es como un sueño”, recuerda.
“Pensar que le vas a dar de comer a toda esa gente y después ver cómo todo el mundo desea estar lo más cerca posible viviéndolo es algo único”.
Samuel habla de sentirse “privilegiado”, aunque relaciona inmediatamente esa oportunidad con el trabajo realizado para llegar hasta allí.
“Me siento privilegiado gracias al esfuerzo”.
La historia de Samuel Quintero comenzó lejos de los camerinos
Detrás de este servicio hay también una trayectoria que Samuel está intentando construir paso a paso.
El chef ya había explicado anteriormente a Dónde Comer en Tenerife que su relación profesional con la cocina comenzó en el Hotel Escuela Santa Cruz, en una etapa en la que todavía no tenía claro qué quería hacer con su futuro.
Con el tiempo encontró en los arroces el terreno sobre el que quería desarrollar buena parte de su propuesta.
Actualmente trabaja como chef privado y busca consolidar una marca orientada a servicios personalizados y experiencias gastronómicas.
Esa inquietud también le ha llevado a experimentar con arroces mucho menos convencionales.
Recientemente, por ejemplo, creó junto a Buen Sabor Canarias un arroz inspirado en una arepa venezolana de carne mechada, dentro de su proyecto Vete al Grano.
Una elaboración con la que comenzó a explorar precisamente otra de las ideas que ahora tiene en mente si algún día vuelve a cocinar para Beéle: los arroces fusión.
Si Beéle volviera mañana a Tenerife, Samuel ya sabe qué cocinaría
La pregunta tiene una respuesta inmediata.
Si Beéle regresara mañana a la isla y Samuel volviera a encargarse de su comida, el chef intentaría saldar la cuenta pendiente de aquel 25 de julio.
“El risotto de carrilleras, seguro”.
Esta vez buscaría poder prepararlo y servirlo inmediatamente para que el artista lo probara en las condiciones que considera óptimas.
Pero añadiría algo más.
Samuel quiere que una próxima experiencia no consista únicamente en sentarse delante de un plato.
“Después le haría algún showcooking de los nuestros propios, para darle espectáculo y creatividad”.
Y deja abierta una tercera posibilidad:
“Incluso un arroz fusión”.
Del escenario a la paellera: otra historia de aquella noche en Tenerife
Para los asistentes, el 25 de julio quedará asociado principalmente a lo que ocurrió sobre el escenario del Puerto de Santa Cruz de Tenerife.
Para Samuel Quintero, el recuerdo es completamente diferente.
Dos arroces.
Un camerino.
Un artista internacional.
Y una frase que no esperaba escuchar cuando cruzó la puerta: Beéle ya había oído hablar de su cocina antes de probarla.
El arroz de carrilleras terminó funcionando, la paella valenciana completó el menú y Samuel salió de aquella experiencia con la sensación de haber alcanzado mucho antes de lo previsto uno de esos momentos que imaginaba para una etapa posterior de su carrera.
Sin embargo, hay un plato que todavía no ha podido poner delante del colombiano.
Si Beéle vuelve a Tenerife y sus caminos vuelven a encontrarse, Samuel ya tiene decidido el menú.
Esta vez quiere que pruebe el risotto de carrilleras.

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