Todo empezó con cinco palabras escritas en un cartel: «Prohibida la entrada a influencers».
El mensaje, colocado en Guachinche Casa Aguere, un establecimiento de reciente apertura en La Laguna, terminó circulando por las redes sociales y ha dado pie a un debate que ya ha trascendido Tenerife. Este sábado 8 de agosto, El País se hacía eco precisamente del caso tinerfeño dentro de un análisis sobre los restaurantes que están empezando a mostrar su rechazo hacia determinadas prácticas de los creadores gastronómicos.
Pero en Canarias la polémica acaba de tomar otra dirección.
El creador de contenido Special Six (@specialsixyt) ha respondido al mensaje y, aunque reconoce abiertamente algunos de los problemas que existen dentro de su propio sector, termina poniendo sobre la mesa otra cuestión que lleva años generando debate en Tenerife:
¿Todo establecimiento que se anuncia como guachinche es realmente un guachinche?
Y aquí la discusión deja de ser únicamente una guerra entre restaurantes e influencers.
Porque existe una normativa que responde, al menos en buena parte, a esa pregunta.
Special Six da parte de la razón al establecimiento
La respuesta del creador canario sorprende porque no comienza defendiendo a los influencers.
Todo lo contrario.
Special Six reconoce que actualmente prácticamente cualquier persona puede crear contenido y cuestiona determinadas propuestas que algunos perfiles realizan a los restaurantes buscando colaboraciones.
«Hoy cualquiera puede tener seguidores. Pero es que ahora todo el mundo crea contenido», señala en su vídeo.
También reconoce que existe «una pequeña parte del sector que está desubicada» y pone sobre la mesa una realidad importante para los establecimientos: tener seguidores no significa necesariamente ser capaz de generar clientes o ventas para un negocio.

Según argumenta, realizar un vídeo capaz de producir un retorno real para una empresa no resulta tan sencillo como puede parecer.
Y en otro punto también coincide con la filosofía expresada por algunos restaurantes: si un establecimiento considera interesante invertir en publicidad con un determinado creador, puede ser el propio negocio quien decida contactar con él.
Aunque introduce un matiz.
Ofrecerse tampoco debería convertirse automáticamente en algo negativo.
«Tocar la puerta no es entrar», resume.
Pero entonces Special Six le da la vuelta al debate
Hasta ahí, podría parecer que el creador de contenido está prácticamente de acuerdo con el establecimiento.
Pero su intervención cambia de dirección cuando cuestiona la manera elegida para transmitir el mensaje. Special Six considera excesivo colocar directamente un cartel prohibiendo la entrada a influencers.
Y entonces pronuncia una de las frases más contundentes del vídeo:
«Estás poniendo un cartel de que está prohibida la entrada a influencers, coño, qué feo».
A partir de ese momento deja de hablar únicamente de los creadores de contenido.
Y dirige su mirada hacia los propios establecimientos.
«Que dejen de llamarse guachinches cuando realmente no lo son»
Special Six reconoce incluso parte de la responsabilidad que los propios creadores gastronómicos han tenido en otro fenómeno que lleva años extendiéndose por Tenerife.
El uso de la palabra guachinche.
«Actualmente en Tenerife hay un problema que en parte ha sido fomentado por los creadores de contenido, yo incluido», asegura.
Su crítica se dirige hacia aquellos locales de restauración que utilizan la palabra guachinche pese a que, según sostiene, no responden al concepto tradicional ni a los requisitos que definen legalmente este tipo de establecimiento.
Y lanza un mensaje directo:
«Estaría muy bien que dejen de llamarse guachinches cuando realmente no lo son».
La polémica, por tanto, cambia completamente de terreno.
De quién puede entrar en un establecimiento pasamos a preguntarnos qué establecimientos pueden utilizar realmente la palabra guachinche.
¿Qué es realmente un guachinche?
Aquí la legislación canaria resulta bastante clara.
El Decreto 83/2013, de 1 de agosto, nació precisamente para regular la comercialización temporal de vino de cosecha propia y los establecimientos donde se desarrolla esa actividad.
La propia exposición de motivos explica que los guachinches surgieron históricamente como una forma de dar salida al vino elaborado por explotaciones familiares, acompañado por una oferta limitada de platos de cocina tradicional.
Y hay una parte del decreto especialmente interesante para entender la polémica actual.
La norma reconoce que antes de su aprobación habían proliferado establecimientos que no reunían las características originales de los guachinches: negocios que no comercializaban vino de cosecha propia, que no vinculaban su apertura a la disponibilidad de ese vino o que ofrecían cartas amplias de comidas y bebidas. Esos establecimientos, señala el decreto, deben someterse a la normativa correspondiente a los establecimientos turísticos de restauración.
Es decir, tener comida canaria, decoración tradicional y precios populares no convierte automáticamente a un restaurante en guachinche desde el punto de vista normativo.
Vino propio, apertura temporal y una oferta muy limitada
El modelo regulado está sometido a unas condiciones muy concretas.
El vino comercializado debe proceder de viñedos pertenecientes o explotados por quien desarrolla la actividad y debe tratarse de vino de cosecha propia. Además, la actividad tiene carácter temporal y está directamente vinculada a la existencia de ese vino.
La regulación tradicional limita también de manera importante la propuesta gastronómica: la oferta se concibe como acompañamiento del vino y no como la carta convencional de un restaurante.
Un estudio académico publicado en 2025 sobre los guachinches de Tenerife resume los elementos fundamentales de la regulación: vino de producción propia, un máximo de cuatro meses de apertura, hasta tres platos en carta y una oferta de bebidas limitada esencialmente al vino propio y agua, además de determinadas excepciones previstas por la normativa.
Y existe incluso un distintivo específico.
Los establecimientos incluidos en esta regulación están obligados a exhibir en el exterior, junto a la entrada principal y en un lugar visible, la placa-distintivo oficial establecida por el Gobierno de Canarias.
¿Y qué ocurre con los llamados «guachinches modernos»?
Aquí aparece una de las grandes confusiones para residentes y turistas.
Durante los últimos años se ha popularizado en Tenerife la expresión «guachinche moderno» para describir establecimientos con cocina canaria, estética tradicional o ambiente informal, pero con un funcionamiento mucho más parecido al de un restaurante convencional.
Sin embargo, «guachinche moderno» no aparece como una categoría diferenciada dentro de la clasificación legal consultada.
La normativa distingue el guachinche regulado por el Decreto 83/2013 de otros establecimientos de restauración.
Eso no significa que un restaurante inspirado en la cocina de guachinche sea peor, menos auténtico gastronómicamente o esté haciendo algo incorrecto por ofrecer comida canaria.
La cuestión es otra: cómo se presenta comercialmente al consumidor y qué denominación utiliza.
¿Y Casa Aguere es realmente un guachinche?
Este punto exige especial prudencia.
Dónde Comer en Tenerife no ha podido verificar a partir de los registros consultados cuál es la clasificación administrativa concreta de Casa Aguere, por lo que no sería riguroso afirmar que el establecimiento incumple la normativa o que es un «falso guachinche».
Eso tampoco es lo que estamos afirmando en este artículo.
Lo que contamos es la crítica formulada por Special Six y la contrastamos con la legislación existente.
Sí existen, no obstante, elementos públicos que alimentan el debate.
Una guía especializada que visitó recientemente Casa Aguere lo describe como un local de cocina canaria pero advierte expresamente de que no dispone de la placa oficial de guachinche.
Otra plataforma dedicada a guachinches publicó tras una visita que el establecimiento trabajaba con vinos de Bodegas 35 y señalaba como aspecto a mejorar precisamente la ausencia de vino de cosecha propia.
Estos datos no bastan por sí solos para determinar jurídicamente la situación del negocio, pero sí ayudan a comprender por qué la respuesta de Special Six ha trasladado la discusión hacia la identidad de los guachinches.
Special Six anuncia que cambiará sus propios contenidos
El creador canario no se limita a señalar el problema.
También reconoce que los propios perfiles gastronómicos han podido contribuir a difuminar la diferencia entre restaurantes y guachinches al utilizar el término indiscriminadamente.
Y anuncia una decisión.
Asegura que, aunque realiza pocas colaboraciones con establecimientos de comida, cuando visite un negocio que se anuncie como guachinche y considere que no lo es, lo dirá expresamente a su audiencia.
Además, invita al resto de creadores gastronómicos de Canarias a hacer lo mismo para evitar trasladar información incorrecta al público.
Su reflexión termina con una frase que resume perfectamente las dos caras de esta polémica:
«Ahora cualquier persona es un creador de contenido y cualquier local es un guachinche».
Una polémica que va mucho más allá de los influencers
Lo que comenzó con un cartel provocador ha terminado poniendo sobre la mesa dos debates diferentes.
Por un lado, está la relación cada vez más compleja entre restaurantes y creadores gastronómicos: invitaciones, colaboraciones, vídeos, reseñas y la capacidad real de una publicación para generar retorno económico.
El propio debate ha llegado este sábado a la prensa nacional. Juristas consultados por El País señalan que un restaurante puede establecer normas respecto a comportamientos como grabaciones o utilización de determinados equipos, pero cuestionan jurídicamente un veto basado únicamente en que una persona sea considerada «influencer».
Por otro lado, la respuesta de Special Six recupera una discusión mucho más antigua y especialmente sensible en Tenerife: la protección del guachinche como parte de la cultura vitivinícola y gastronómica de Canarias.
Y quizá ahí esté la paradoja de toda esta historia.
Un cartel colocado para cuestionar determinadas prácticas de los creadores de contenido ha terminado provocando que uno de esos mismos creadores cuestione cómo se presentan algunos negocios de restauración.
Influencers, restaurantes y guachinches quedan así dentro de un mismo debate sobre algo mucho más sencillo de formular que de cumplir:
ser transparentes con el público.

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